La cirujana general advierte de que la creciente superespecialización hace especialmente delicados los procesos de movilidad y reclama plantillas adaptadas a las necesidades reales. También considera prioritario acabar con las guardias de 24 horas y disponer de más tiempo para atender al paciente.
¿Qué problemas encuentra actualmente relacionados con la movilidad, la organización de las plantillas o los cambios de puesto dentro del sistema?
Creo que uno de los problemas fundamentales, y no solo en Cirugía General sino en gran parte de las especialidades, es el alto grado de superespecialización que existe actualmente. Muchos profesionales llevamos años trabajando dentro de una misma área y hemos desarrollado en ella nuestra actividad, nuestros conocimientos y nuestra experiencia.
El problema aparece cuando se producen procesos de movilidad, traslados o desplazamientos como consecuencia de oposiciones. Puedes encontrarte de repente trabajando en un ámbito que llevas años sin tocar.
La superespecialización mejora muchísimo la práctica dentro de cada campo, pero también tiene una contrapartida: con los años dejas de realizar determinadas técnicas o de tratar ciertas patologías. Y puede llegar un momento de tu carrera profesional en el que ya no tienes fácil acceso a un proceso de reciclaje y, sin embargo, tienes que incorporarte a otro puesto para realizar un trabajo completamente diferente del que has venido desarrollando.
«Puedes encontrarte de repente trabajando en un ámbito que llevas años sin tocar».
¿Qué debería proteger una nueva regulación para evitar que la movilidad termine perjudicando al profesional o a los propios equipos?
Creo que debería reconocerse precisamente esa superespecialización. Evidentemente, las personas que participan en un concurso-oposición tienen todo el derecho a escoger la plaza que les corresponde. Eso no se puede cuestionar.
Pero, al mismo tiempo, esos procesos pueden provocar el desplazamiento de otros profesionales que no han conseguido la plaza a la que aspiraban. Habría que buscar mecanismos que, sin perjudicar los derechos de quien obtiene una plaza, permitieran que el profesional desplazado pudiera continuar desarrollando su trabajo en el mismo centro o en otro lugar donde se aprovecharan realmente los conocimientos y habilidades que ha adquirido durante años.
Aquí también entra en juego el tamaño de las plantillas. Si las plantillas orgánicas fueran las que realmente necesitan los servicios, probablemente habría más posibilidades de mantener a esos profesionales mediante comisiones de servicio, interinidades por vacante u otras fórmulas, sin obligarlos a abandonar el campo en el que están preparados y en el que han desarrollado buena parte de su trayectoria.
¿Qué margen debería conservar la Administración para organizar las plantillas y dónde deberían establecerse los límites?
La Administración tiene que poder organizar, pero lo fundamental es que adapte las plantillas a las necesidades reales de los hospitales y de los centros de salud.
La población ha aumentado considerablemente —en torno a un 17 %, según los datos que manejamos— y, sin embargo, nuestras plantillas apenas han crecido durante muchos años. Si se adecuaran las plantillas orgánicas a las necesidades asistenciales reales, probablemente muchos de los problemas que vemos ahora en los procesos de oposición y en los desplazamientos serían mucho menores.
Tendríamos además más margen para que los profesionales pudieran acceder a puestos acordes con la preparación y la experiencia que realmente tienen.
Si pudiera elegir un cambio con impacto inmediato en su trabajo cotidiano, ¿cuál sería?
Hay varios, pero para mí uno fundamental es la desaparición de las guardias de 24 horas. Es algo que llevamos reclamando desde hace tiempo. Considero que son perjudiciales para la salud del médico, para la seguridad y la atención del paciente y, además, hacen muy difícil la conciliación familiar.
«Para mí, un cambio fundamental sería la desaparición de las guardias de 24 horas».
También es importante limitar la jornada y avanzar de las 37 horas y media a las 35 horas, pero no basta solo con hablar del número de horas. Hay que adaptar realmente la actividad laboral a las necesidades de médicos y pacientes.
No podemos trabajar permanentemente con agendas saturadas. Y no hablo únicamente de Atención Primaria, donde la presión asistencial es especialmente grave. También ocurre en el hospital. Para ofrecer una atención de calidad necesitamos disponer del tiempo suficiente para evaluar correctamente al paciente y para que ese paciente pueda sentirse escuchado y atendido.
Y esto afecta a toda la actividad, no solo a las consultas. Si las plantillas estuvieran dimensionadas conforme a las necesidades reales, habría más tiempo, más capacidad de consulta, más actividad quirúrgica y una mejor organización y rotación de los servicios.
Esta semana se ha anunciado la convocatoria de elecciones generales. ¿Qué añadiría ante este nuevo escenario?
Con respecto a la nueva situación, con el adelanto de las elecciones, espero que todos los partidos políticos tomen nota del malestar de la profesión médica y de nuestras demandas, que creo que están más que justificadas, y que las incorporen a los programas políticos que presenten de cara a las elecciones.
Cirujana general.