Opinión y análisis · Especial Estatuto Marco

«La sanidad no funciona como los usuarios quisieran y el descontento de los médicos es más que manifiesto. La espera del paciente y la sobrecarga del médico son el eje común que azota al SNS. Aun “exprimiendo al máximo” al médico, en consultas sin descanso, pacientes citados cada cinco minutos y jornadas de 50-60 horas a la semana, el sistema sigue colapsado».

Dra. Sheila Justo Sánchez
Dra. Sheila Justo Sánchez.

Hoy, el 60 % de los médicos del SNS trabajan en torno a 50 horas a la semana. Esas horas de más, de guardia, equivalen a unos 53.500 contratos de médicos a jornada completa de 35 horas.

El burnout es la principal preocupación que debería presidir la elaboración del nuevo marco legal y, en paralelo, la sostenibilidad, la calidad, la seguridad y la garantía del sistema sanitario de los próximos años. La reforma normativa tiene que partir de una premisa: faltan médicos en la sanidad pública y el envejecimiento aumenta las necesidades de la población.

«El Estatuto Marco ha exprimido al médico durante 20 años, con la guardia de 24 horas obligatoria como parte de la jornada».

Una jornada inasumible que no existe en el resto del personal sanitario ni en la población general. Las guardias de 24 horas pasan factura: enfermedad cardiovascular, enfermedades mentales, suicidio, burnout y tumores. Además, comprometen la seguridad del paciente.

Hace falta un plan para retener y recuperar profesionales, calculado sobre el déficit real de médicos del SNS, y no sobre los 4.190 que refleja el último informe anual del Ministerio de Sanidad.

Un marco propio para los médicos

Una norma común para todo el personal sanitario pasa por alto la responsabilidad clínica y legal, el liderazgo, la formación exigida y la actualización continua que exige ser médico.

El médico es el eje vertebrador del sistema, de las listas de espera y de la seguridad del paciente, y necesita tomar partido en las decisiones políticas sobre el futuro del Sistema Nacional de Salud.

Tener un marco propio significa cogobernar: compartir la responsabilidad sobre la planificación de plantillas, la organización del trabajo clínico, el liderazgo de los servicios y la evaluación por resultados en salud. En el resto de países de Europa, los médicos tienen participación directa y vinculante en mesas específicas. España necesita dar ese salto normativo: el Estatuto Médico.

El Estatuto Médico, además, debe avanzar hacia una jornada segura para el médico: reducir las preocupantes cifras de burnout, mejorar la conciliación, recuperar la vocación y reducir la morbimortalidad asociada al agotamiento.

Reconocimiento

La clasificación fija el sueldo, la carrera profesional y el reconocimiento de la responsabilidad. Las retribuciones básicas —sueldo base, trienios y pagas extra— tienen que estar a la altura, y mejorarlas es competencia del Estado.

Hace falta una categoría propia, acorde con los 11-12 años de formación exigidos: la categoría «A Plus», nivel 7 del MECU.

Retener, no restringir

La exclusividad para jefes de servicio y cargos directivos es una limitación más justo cuando el problema es retener médicos. El médico tiene que poder elegir dónde trabaja y el sistema público tiene que ser una opción atractiva, no una obligación.

«La clave está en que trabajar en el SNS deje de ser la peor opción».

Jubilación

El proyecto permitía seguir trabajando hasta los 70 años si se mantienen la capacidad funcional y el desempeño. Alargar la vida laboral sin mejorar las condiciones es un parche para un déficit estructural de plantilla.

Queda sin resolver que las guardias —las horas de más— cuenten para la jubilación. La penosidad de las guardias y la nocturnidad debe asociarse a un coeficiente reductor de cara a la jubilación anticipada. El reconocimiento de la profesión de riesgo es un trámite específico que debe iniciarse ante el elevado riesgo de morbimortalidad detectado y asociado a la actividad profesional.

Movilidad

El texto paralizado en las Cortes daba más garantías frente a los cambios obligatorios de puesto. Pero había una cláusula que preocupaba: la que permitía adscribir al personal a cualquier centro o unidad del ámbito que figure en su nombramiento.

En muchos servicios de salud, ese ámbito es el área entera o incluso la provincia. En la práctica, se puede mover a un facultativo a decenas de kilómetros de su centro sin su consentimiento, sin indemnización y sin más límite que la definición administrativa del ámbito, que fija la propia Administración.

La organización del trabajo clínico se tiene que cogobernar con los médicos y la movilidad tiene que hacerse con su consentimiento explícito.

Los residentes

Los 33.339 residentes están fuera de las plantillas estructurales, pero sostienen buena parte de la actividad asistencial y de las guardias. La formación queda, muchas veces, por detrás en prioridad de la carga asistencial.

La formación de los futuros especialistas es clave, y que se dé en las mejores condiciones laborales es un condicionante prioritario. Si el SNS sigue exprimiendo a los médicos desde las edades más tempranas, perderemos la ilusión y la esencia vocacional del futuro.

Es necesaria una protección reforzada de los MIR, centrada en la formación, con límites específicos de jornada.

Gestión clínica

Todo esto exige una gestión clínica en manos de médicos, con evaluación por resultados en salud y tiempo protegido para la actualización, la formación, la investigación y la autonomía profesional.

Mirar hacia delante

Según el último informe del Sistema de Información sobre Listas de Espera del SNS (SISLE-SNS), con datos a 31 de diciembre de 2025, en 2025 entraron en lista quirúrgica 2.806.493 pacientes y salieron 2.289.682.

El sistema apenas da salida a lo que le entra y no tiene capacidad suficiente para absorber la demanda. No se puede exprimir más al médico. El colapso sigue y la sobrecarga es uno de los principales factores de abandono.

Quien retome esta reforma tendrá que buscar una solución para los médicos y, en consecuencia, también para los pacientes.

Dra. Sheila Justo Sánchez