Luciana Nechifor mantiene, meses después, su preocupación por una reforma del Estatuto Marco que considera insuficiente para responder a los problemas específicos de los MIR. Con el proyecto frenado por el final de la legislatura, reclama que el próximo texto afronte las guardias, la conciliación, el tiempo real dedicado a la formación y unas condiciones capaces de retener a los médicos jóvenes en la sanidad pública.

El debate sobre el Estatuto Marco tendrá que retomarse en una nueva legislatura, pero los problemas que los médicos residentes vienen señalando permanecen sobre la mesa. Jornadas prolongadas, guardias, salarios, conciliación y, sobre todo, el equilibrio entre formación y carga asistencial forman parte de las principales preocupaciones de quienes están dando sus primeros pasos profesionales.
Luciana Nechifor ya advertía a comienzos de año de que no encontraba en la reforma cambios capaces de mejorar sustancialmente las condiciones de los MIR. Meses después mantiene esa valoración y pone el foco en una cuestión que considera esencial: que las necesidades asistenciales de los hospitales no terminen desplazando el objetivo para el que existe la residencia, que es formar especialistas.
A principios de año decía que no veía cambios reales que mejorasen la situación de los residentes. Después de todo lo ocurrido estos meses, ¿mantiene esa valoración?
Desgraciadamente, sí. Ha habido mejoras en algunas comunidades autónomas, pero en la mayoría han sido muy pequeñas o directamente inexistentes.
Me preocupan muchas cosas, pero probablemente lo que más es que se siga prefiriendo precarizar al residente a costa de su formación. Tenemos un sueldo base muy bajo y eso provoca que muchas veces necesitemos hacer más guardias simplemente para poder afrontar gastos básicos, como el alquiler.
Es una especie de obligación sin que formalmente te estén obligando. Necesitas aumentar tus ingresos y la manera de hacerlo son las guardias. Pero eso repercute directamente en tu formación y también en tu vida diaria, que durante la residencia ya está muy limitada. Tienes muy poco tiempo para tu familia, tus amigos o simplemente para tener una vida fuera del hospital.
«Se sigue prefiriendo precarizar al residente a costa de su formación».
Las guardias han sido una de las grandes reivindicaciones de los MIR. ¿Qué supone realmente ese modelo para la vida de un residente?
La conciliación laboral y personal prácticamente no existe, especialmente en hospitales grandes con una carga asistencial elevada.
Hacer cinco o seis guardias al mes significa tener una parte enorme del mes completamente condicionada. No puedes mantener con normalidad determinadas rutinas, compromisos fijos o incluso hobbies. Muchas veces todo tu entorno termina adaptándose a ti.
Además, durante la residencia estás asumiendo progresivamente competencias que todavía estás aprendiendo. Tienes que responder ante situaciones para las que no siempre sientes que estés completamente preparado. Eso genera muchísimo estrés, ansiedad y burnout.
A esa presión se suman las jornadas prolongadas, las guardias y la falta de descanso. Por eso el debate no debería reducirse únicamente a cuántas guardias hacemos, sino a en qué condiciones se realizan y qué efecto tienen sobre nuestra formación y nuestra salud.
Más allá del número de guardias, ¿cuánto tiempo dedica realmente un MIR a formarse y cuánto a cubrir necesidades asistenciales?
Muchas veces, tanto por mi experiencia como por lo que me cuentan mis compañeros, dedicamos muchísimo tiempo a cubrir necesidades asistenciales y vamos aprendiendo sobre la marcha lo que vaya surgiendo, cuando debería ser al revés.
El residente está trabajando, por supuesto, pero sigue siendo un profesional en formación. Esa parte no puede olvidarse.
El problema aparece cuando las necesidades del servicio terminan marcando completamente qué haces, cuánto tiempo dedicas a una actividad y qué puedes aprender. Si tu función acaba siendo fundamentalmente cubrir los huecos que necesita el sistema, la formación pasa a un segundo plano.
Y eso tiene consecuencias. No hablamos solo de nuestras condiciones laborales, sino de cómo se están formando los especialistas que dentro de unos años tendrán que asumir toda la responsabilidad asistencial.
«Dedicamos muchísimo tiempo a cubrir necesidades asistenciales y vamos aprendiendo sobre la marcha, cuando debería ser al revés».
Se reivindica con frecuencia la singularidad del ejercicio médico. ¿Qué significa para alguien que todavía está en formación?
Significa asumir responsabilidades muy concretas desde una etapa muy temprana: participar en el diagnóstico, tomar decisiones clínicas, prescribir tratamientos y asumir progresivamente una responsabilidad legal.
Durante la residencia precisamente se produce esa transición entre estar aprendiendo y tener que responder ante situaciones reales. Y esa responsabilidad va creciendo muy deprisa.
La continuidad asistencial depende en buena medida del médico y hay determinadas decisiones cuya responsabilidad final recae sobre nosotros. Evidentemente, la asistencia sanitaria es un trabajo en equipo y todos los profesionales son necesarios, pero las funciones y responsabilidades son diferentes.
Por eso pedimos que esa realidad se tenga en cuenta cuando se regulan nuestras condiciones. No estamos pidiendo privilegios, sino unas condiciones acordes con la formación, la responsabilidad y las exigencias del ejercicio médico.
¿Qué tendría que ofrecer la sanidad pública para que un médico joven quisiera quedarse cuando termine la residencia?
Es una pregunta complicada, especialmente en especialidades en las que el sector privado ofrece muchas posibilidades de trabajo.
Si cuando termino la residencia tengo alternativas, la sanidad pública tendrá que ofrecerme algo que haga que quiera quedarme. Y probablemente no será el sueldo, porque difícilmente va a competir solo por esa vía con determinadas ofertas del sector privado.
Pero puede ofrecer otras cosas: mejores horarios, conciliación, una perspectiva real de mejora salarial, estabilidad y posibilidades de seguir creciendo profesionalmente y formándome.
Incluso esto último es muchas veces un problema en la pública. Después de tantos años estudiando y formándote, necesitas ver que puedes seguir avanzando, que existe un proyecto profesional y que tu esfuerzo tiene una continuidad.
Si no ofrecemos eso, no podemos sorprendernos después de que los profesionales busquen otras opciones.
¿Este escenario puede agravar la fuga de talento entre los médicos jóvenes?
Sí. Y empieza mucho antes de lo que pensamos.
Si recuerdas a la persona que eras con 16 o 17 años, esforzándote muchísimo para conseguir entrar en Medicina, y después ves todo el recorrido que has tenido que hacer y las condiciones con las que te encuentras, llega un momento en que te lo replanteas.
La ansiedad, el estrés y el burnout aparecen cada vez antes. Y hay compañeros que deciden marcharse al extranjero, cambiar de especialidad o incluso abandonar la Medicina.
En mi hospital, en una promoción de alrededor de 30 residentes, al menos diez dejaron la plaza. Es una cifra muy significativa.
No podemos hablar de relevo generacional o de falta de médicos sin analizar también por qué una persona que ha conseguido llegar hasta aquí decide que no quiere continuar en ese puesto o en ese sistema.
El proyecto del Estatuto Marco tendrá que retomarse en una nueva legislatura. ¿Qué debería cambiar cuando vuelva a abrirse esa negociación?
Lo primero sería escuchar de verdad lo que está ocurriendo con los residentes y entender que nuestra situación tiene particularidades que no pueden abordarse únicamente desde las necesidades asistenciales.
Hay que revisar las guardias, los descansos, la conciliación y las retribuciones, pero también proteger de forma mucho más clara el tiempo de formación.
No podemos mantener un sistema en el que el residente sea la solución para cubrir las necesidades estructurales de los servicios. El objetivo de una residencia es formar a un especialista.
Si necesitas hacer más guardias porque tu salario base no te permite vivir con cierta tranquilidad, y esas guardias te quitan tiempo de formación, descanso y vida personal, entramos en un círculo que termina afectándolo todo.
La nueva oportunidad que se abre debería servir precisamente para corregir esas cuestiones y no para volver a aplazarlas.
¿Qué les diría a los residentes que observan todo este debate con cierta distancia o piensan que todavía no les afecta?
Que piensen a largo plazo.
Durante la residencia es muy fácil concentrarse únicamente en sobrevivir al día a día, porque tienes muchísimas cosas encima. Pero nuestra vida profesional no termina cuando acaba el MIR.
Quedan muchos años por delante: las guardias, los fines de semana, la conciliación cuando quieras formar una familia, las condiciones laborales, las posibilidades de crecer profesionalmente…
No se trata de decirle a nadie qué postura tiene que adoptar. Se trata de informarse, reflexionar y tomar posición de alguna manera.
Lo que se decida cuando vuelva a abordarse el Estatuto Marco no afectará únicamente a los médicos que están ahora consolidados en el sistema. Va a marcar también las condiciones en las que nosotros vamos a ejercer durante buena parte de nuestra vida profesional.
Médica residente.