En el Día Mundial de la Trombosis, un nuevo consenso establece criterios para abordar el riesgo de trombosis durante la vida reproductiva de la mujer y advierte de que los problemas de fertilidad o determinadas complicaciones del embarazo no justifican por sí solos la realización de estudios de trombofilia ni la prescripción de heparina o ácido acetilsalicílico.
Los problemas para conseguir un embarazo o la aparición de complicaciones obstétricas no siempre están relacionados con una alteración de la coagulación. Tampoco justifican, de forma automática, solicitar un estudio de trombofilia o iniciar un tratamiento para prevenir la formación de trombos.
Este es uno de los mensajes centrales del nuevo documento de consenso promovido por la Sociedad Española de Trombosis y Hemostasia (SETH), en cuya elaboración han participado siete sociedades científicas de distintas especialidades médicas.
El objetivo es unificar criterios clínicos, reducir las pruebas innecesarias y evitar tratamientos antitrombóticos que no aporten un beneficio demostrado, sin dejar de identificar a las mujeres que realmente necesitan medidas específicas de prevención o tratamiento.
Cuándo está indicado estudiar una trombofilia
El documento recomienda que la búsqueda de alteraciones hereditarias o adquiridas de la coagulación se realice de manera selectiva, cuando exista una indicación clínica que pueda influir en las decisiones asistenciales.
En este sentido, desaconseja solicitar sistemáticamente estos estudios ante fallos recurrentes de implantación embrionaria o determinadas complicaciones del embarazo, sin una valoración previa del riesgo individual.
Los especialistas subrayan la importancia de tener en cuenta los antecedentes personales y familiares de trombosis, así como otros factores clínicos que puedan modificar el riesgo de enfermedad tromboembólica.
El consenso también recuerda una distinción fundamental: encontrar una trombofilia no significa necesariamente haber identificado la causa de un problema reproductivo. Su presencia tampoco implica, por sí sola, que la paciente deba recibir tratamiento.
Heparina y ácido acetilsalicílico: no en todos los casos
Otra de las cuestiones abordadas es la utilización de heparina y ácido acetilsalicílico en mujeres con dificultades reproductivas o antecedentes de complicaciones obstétricas.
Las sociedades participantes insisten en que estos tratamientos deben reservarse para situaciones en las que exista una indicación clínica, valorando los antecedentes, el riesgo trombótico y las características de cada paciente.
De esta forma, el documento busca evitar que la sospecha de una alteración de la coagulación conduzca a intervenciones que no siempre están justificadas.
Un abordaje compartido entre especialidades
El consenso reúne a profesionales de Hematología, Ginecología y Obstetricia, Medicina Interna, Medicina Reproductiva, Contracepción y Medicina Vascular.
En su elaboración han participado la Sociedad Española de Trombosis y Hemostasia (SETH), la Sociedad Española de Hematología y Hemoterapia (SEHH), la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia (SEGO), la Sociedad Española de Medicina Interna (SEMI), la Sociedad Española de Fertilidad (SEF), la Sociedad Española de Contracepción (SEC) y la Asociación para el Estudio de la Medicina Vascular en España (ASEMEVE).
La participación de estas siete organizaciones responde a la necesidad de mejorar la coordinación entre las especialidades que intervienen en la atención de la salud reproductiva y en la prevención de la enfermedad tromboembólica.
El documento, difundido con motivo del Día Mundial de la Trombosis, que se celebra el 13 de octubre, apuesta por una atención más individualizada, en la que la indicación de pruebas y tratamientos dependa del riesgo real de cada mujer y no únicamente de sus antecedentes reproductivos.