El Dr. José Carlos Marín explica cómo está cambiando el manejo de las hemorragias digestivas y la pancreatitis aguda. Residentes de toda España han practicado técnicas endoscópicas en el XIV Curso Nacional de Emergencias en Gastroenterología y Hepatología, celebrado en el ICOMEM.

¿Es mejor realizar una endoscopia cuanto antes ante una hemorragia digestiva? ¿Administrar más líquidos a un paciente con pancreatitis aguda grave mejora su evolución? ¿Es necesario transfundir varias unidades de sangre de una vez? Durante años, algunas de estas actuaciones formaron parte de la práctica habitual en las urgencias digestivas. Sin embargo, la evidencia científica ha obligado a revisar determinados procedimientos y a adoptar estrategias más individualizadas y restrictivas.
«Más que no hacer, se trata de no pasarse», resume el Dr. José Carlos Marín Gabriel, especialista del Servicio de Aparato Digestivo del Hospital Universitario 12 de Octubre, al explicar uno de los mensajes centrales del XIV Curso Nacional de Emergencias en Gastroenterología y Hepatología, celebrado los días 13 y 14 de octubre en el Ilustre Colegio Oficial de Médicos de Madrid (ICOMEM).
Organizado por la Asociación Española de Gastroenterología (AEG), el encuentro ha reunido a médicos residentes procedentes de hospitales de toda España para actualizar sus conocimientos y entrenarse en el manejo de situaciones clínicas urgentes.
Lo que está cambiando en las urgencias digestivas
Uno de los ejemplos más representativos es el tratamiento de la hemorragia digestiva. Durante años se consideraba que adelantar al máximo la endoscopia podía mejorar el pronóstico del paciente. Sin embargo, los estudios posteriores han cuestionado la conveniencia de realizarla de forma extremadamente precoz en determinadas situaciones clínicas.
Marín recuerda que, en pacientes inestables o con importantes comorbilidades, la realización de una endoscopia antes de las seis horas no ha demostrado necesariamente mejores resultados y puede asociarse a una peor evolución. La prioridad es valorar correctamente al paciente, estabilizarlo cuando sea necesario y determinar el momento adecuado para intervenir.
«Tendemos a afinar cada vez más qué es lo que tenemos que hacer y qué es lo que no tenemos que hacer», explica.
Esta evolución también se observa en el abordaje de la pancreatitis aguda. Frente a la administración intensiva de líquidos que se utilizaba tradicionalmente, los ensayos clínicos han respaldado estrategias de fluidoterapia más moderadas, ajustadas a las necesidades y a la evolución de cada paciente.
Algo similar ocurre con las transfusiones sanguíneas. El especialista recuerda cómo anteriormente era habitual administrar dos concentrados de hematíes de forma consecutiva. Actualmente, en los pacientes en los que está indicada una estrategia restrictiva, se tiende a evitar las transfusiones innecesarias y a reevaluar la respuesta clínica.
«La evidencia va mucho más a restringir actuaciones que hacíamos de más, pensando que lo hacíamos bien», señala.
El objetivo no es intervenir menos de forma indiscriminada, sino evitar tratamientos excesivos y ajustar cada decisión a la situación clínica y a la evidencia disponible.

Aprender endoscopia antes de enfrentarse a una urgencia real
Junto a la actualización teórica, uno de los principales atractivos del curso ha sido su formación práctica.
Organizados en grupos reducidos, los residentes han trabajado con equipos endoscópicos y modelos ex vivo para familiarizarse con procedimientos que pueden necesitar durante una urgencia digestiva.
Entre las técnicas practicadas figuran la colocación de hemoclips para controlar hemorragias y el manejo de prótesis endoscópicas. Los participantes han podido conocer los dispositivos, manipular el instrumental y ensayar los procedimientos en un entorno supervisado.
Marín explica que esta experiencia tiene especial valor porque, durante una urgencia real, el especialista responsable debe resolver rápidamente la situación clínica y no siempre dispone de tiempo para enseñar cada técnica al residente.
«Aquí tienen toda la tranquilidad del mundo para hacer ese procedimiento que necesitan hacer», explica.
Los talleres permiten, además, que médicos que todavía no han rotado por las unidades de endoscopia tengan un primer contacto con estos materiales y comprendan su funcionamiento antes de encontrarse con ellos en una guardia.
El programa combina estas prácticas con seminarios de casos clínicos y sesiones dedicadas a enfermedad inflamatoria intestinal, patología anorrectal y otras emergencias digestivas. La colaboración con la Asociación Española para el Estudio del Hígado (AEEH) permite incorporar también el abordaje de las urgencias hepatológicas.
Una necesidad formativa que sigue vigente catorce ediciones después
El curso nació por iniciativa del Dr. Miguel Montoro, entonces jefe de servicio en Huesca, que identificó una dificultad habitual en los servicios de urgencias: la presión asistencial limita las oportunidades de enseñanza práctica.
«Muchas veces en la urgencia vamos todos muy deprisa y no tenemos tiempo para hacer la docencia que los residentes necesitan», reconoce Marín.
La formación comenzó con carácter bienal y, posteriormente, evolucionó hacia una celebración anual. Tras numerosas ediciones en Huesca, el encuentro se trasladó el pasado año a Zaragoza y, en esta decimocuarta edición, ha llegado a Madrid.
La mayoría de los participantes son residentes de segundo y tercer año, aunque también asisten médicos de otros cursos de formación especializada.
El programa se integra en una trayectoria docente más amplia, vinculada a titulaciones de especialización y máster en emergencias gastroenterológicas y hepatobiliares de la Universidad a Distancia de Madrid (UDIMA).
Catorce ediciones después, la necesidad que dio origen al curso continúa vigente: ofrecer a los futuros especialistas un espacio para practicar procedimientos, discutir decisiones clínicas y aprender a reconocer cuándo una intervención es necesaria y cuándo puede resultar excesiva.