Un estudio del Hospital Ramón y Cajal identifica un mayor grosor de la pared carotídea en mujeres con amenorrea hipotalámica funcional asociada al ejercicio. Los resultados plantean la necesidad de investigar su posible riesgo cardiovascular a largo plazo.

La ausencia de menstruación asociada al ejercicio físico intenso y a un déficit de disponibilidad energética podría tener implicaciones cardiovasculares que van más allá de la salud reproductiva. Una investigación del Hospital Universitario Ramón y Cajal ha encontrado signos de aterosclerosis subclínica en mujeres con amenorrea hipotalámica funcional relacionada con el ejercicio.
El estudio, publicado en Human Reproduction Open, ha sido desarrollado por investigadores del Instituto Ramón y Cajal de Investigación Sanitaria (IRYCIS), en colaboración con la Universidad de Alcalá y otros equipos de investigación.
Los autores analizaron el grosor íntima-media de la arteria carótida, un indicador utilizado en investigación para evaluar alteraciones vasculares tempranas.
Los resultados mostraron que las mujeres con amenorrea hipotalámica asociada al ejercicio presentaban valores superiores a los observados en mujeres sanas sedentarias.
Cuando el ejercicio se acompaña de un déficit energético
La amenorrea hipotalámica funcional es una alteración de la función reproductiva que puede aparecer cuando el organismo reduce la actividad hormonal como respuesta a situaciones de estrés fisiológico o disponibilidad energética insuficiente.
En mujeres que realizan ejercicio de intensidad moderada o elevada, esta situación puede producirse cuando el gasto energético no está suficientemente compensado por la alimentación.
La alteración hormonal puede provocar una disminución de la producción de estrógenos y la desaparición de la menstruación.
Aunque sus consecuencias sobre la salud ósea y reproductiva son conocidas, sus posibles efectos sobre el sistema cardiovascular continúan siendo objeto de investigación.
Un estudio con cincuenta participantes
Los investigadores realizaron un estudio observacional transversal con 50 mujeres premenopáusicas, distribuidas en cinco grupos.
Entre ellas había participantes con amenorrea hipotalámica asociada al ejercicio, mujeres con diferentes formas de síndrome de ovario poliquístico y dos grupos de control, uno de mujeres físicamente activas y otro de sedentarias.
Todas fueron sometidas a una evaluación cardiometabólica que incluyó mediciones antropométricas, análisis hormonales, estudio del metabolismo de la glucosa, perfil lipídico, presión arterial y valoración de la función cardiovascular.
Además, mediante ecografía se midió el grosor íntima-media carotídeo.
Las mujeres con amenorrea hipotalámica asociada al ejercicio presentaron un grosor medio de 0,514 milímetros, frente a los 0,411 milímetros observados en el grupo de control sedentario.
La diferencia se mantuvo después de ajustar los resultados por el índice de masa corporal.
Un perfil metabólico favorable no excluye posibles alteraciones vasculares
Uno de los aspectos más interesantes del estudio es que las mujeres con amenorrea asociada al ejercicio presentaban algunos indicadores metabólicos favorables.
Por ejemplo, mostraron una mayor sensibilidad a la insulina y determinados parámetros lipídicos más favorables que las mujeres con síndrome de ovario poliquístico.
Sin embargo, al mismo tiempo, registraron un mayor grosor de la pared carotídea respecto al grupo sedentario de referencia.
Esta combinación plantea la posibilidad de que la alteración hormonal y la disponibilidad energética insuficiente estén relacionadas con cambios vasculares que no se reflejan necesariamente en los indicadores metabólicos habituales.
Los autores consideran que estos resultados contribuyen a ampliar el conocimiento sobre las posibles consecuencias cardiovasculares de la amenorrea hipotalámica funcional.
Un hallazgo que necesita confirmación
Los investigadores advierten de que el reducido tamaño de la muestra y el diseño transversal del estudio impiden establecer una relación causal.
El trabajo no demuestra que el ejercicio físico provoque aterosclerosis ni que estas mujeres vayan a sufrir necesariamente más acontecimientos cardiovasculares.
Tampoco permite determinar cuáles son los mecanismos responsables de las diferencias observadas.
Serán necesarios estudios más amplios y con seguimiento longitudinal para confirmar estos resultados y establecer si el grosor íntima-media carotídeo puede utilizarse como marcador de riesgo en esta población.
La investigación subraya la importancia de seguir estudiando la relación entre salud reproductiva, disponibilidad energética y salud cardiovascular en mujeres físicamente activas.