Chema Soto: «Este proyecto mantiene el mismo modelo que lleva años desgastando a los médicos»

El secretario general de CESM considera que el proyecto de Estatuto Marco no incorpora las principales reivindicaciones de los facultativos. Reclama una negociación específica para los médicos y cambios de fondo en jornada, clasificación profesional, jubilación y condiciones de ejercicio.


El secretario general de CESM considera que el proyecto de Estatuto Marco no incorpora las principales reivindicaciones de los facultativos. Reclama una negociación específica para los médicos y cambios de fondo en jornada, clasificación profesional, jubilación y condiciones de ejercicio.

Después de haber participado directamente en la negociación, ¿en qué aspectos considera que se ha avanzado y cuáles siguen siendo los principales puntos de desacuerdo?

En una negociación se intercambian posturas, ideas y documentos y, a partir de ahí, se debería avanzar. El problema es que en este proceso no hemos conseguido avanzar en los planteamientos fundamentales que los médicos venimos defendiendo desde enero de 2025.


En la mesa de ámbito prácticamente no hemos tenido posibilidad de plantear nuestras reivindicaciones específicas y las reuniones mantenidas directamente con el Ministerio tampoco han permitido avanzar en ellas.
El resultado es que tenemos un proyecto de Estatuto Marco que no aborda los principales problemas que afectan a los médicos. Después de todo este proceso, no podemos decir que se haya producido un avance sustancial.


¿Qué reivindicaciones de los médicos se han incorporado finalmente al texto?

Muy pocas, y ninguna de las que forman el núcleo de nuestras reivindicaciones.

No hay una mejora de la clasificación profesional en la dirección que planteábamos, no existe un ámbito propio de negociación para los médicos y tampoco se contempla un estatuto específico para la profesión médica, que era una de nuestras peticiones fundamentales.

Además, cuando se analiza el articulado, tampoco se reconocen adecuadamente las particularidades del trabajo médico en aspectos como la responsabilidad, la jornada, las guardias o la disponibilidad.

Por eso nuestro desacuerdo no es únicamente con determinados artículos. Hay una diferencia conceptual desde el principio: defendemos que los problemas laborales específicos de los médicos deben poder negociarse directamente por sus representantes.


De todo lo que plantea el proyecto, ¿qué puede tener un impacto más negativo sobre las condiciones de trabajo de los médicos?

Uno de los principales problemas es que mantiene esencialmente el modelo que ya existe.
Por ejemplo, se plantea reducir de 48 a 45 horas el máximo de jornada semanal en promedio. Sobre el papel puede presentarse como una mejora, pero en la práctica es un cambio muy limitado si al mismo tiempo se mantiene la obligatoriedad de las guardias.


La experiencia de estos últimos años demuestra que esos límites terminan sobrepasándose. Si la guardia continúa siendo obligatoria, existe el riesgo de perpetuar los mismos abusos organizativos que llevamos viviendo desde hace más de veinte años.


Ese es el problema de fondo: podemos aprobar una nueva ley, pero si conserva el mismo modelo estaremos manteniendo durante otros veinte años muchos de los problemas actuales.


También han planteado cambios en la clasificación profesional. ¿Qué consideran que no reconoce adecuadamente el proyecto?
La clasificación profesional es uno de los puntos fundamentales.


La formación médica tiene unas características específicas. El grado en Medicina tiene una duración y una carga formativa superior a otras titulaciones universitarias y, además, para trabajar como especialista en el sistema sanitario es necesaria una formación especializada posterior.


Nosotros habíamos planteado que esa realidad tuviera un reconocimiento específico en la clasificación profesional, incluso mediante un nivel diferenciado. Sin embargo, el proyecto no introduce ese cambio y termina situando en niveles equivalentes titulaciones cuyos requisitos de formación y especialización son distintos.


No se trata de establecer que unos profesionales sean mejores que otros, sino de que la clasificación refleje de manera adecuada la formación, las competencias y las responsabilidades que exige cada profesión.


La jubilación es otra de las reivindicaciones que han señalado. ¿Qué cambios planteaban?

Habíamos propuesto avances en dos direcciones.

La primera es la jubilación parcial. Es una posibilidad que ya existe para trabajadores de otros ámbitos laborales y creemos que debería reconocerse también a los profesionales del sistema sanitario.

La segunda es más compleja, pero para nosotros resulta muy importante: que se tenga en cuenta todo el tiempo trabajado a lo largo de la carrera profesional. Es decir, que las horas adicionales realizadas por los médicos tengan algún reconocimiento a efectos de jubilación.


Los médicos acumulamos durante nuestra vida profesional un volumen muy importante de horas de trabajo por las guardias y la atención continuada. Nuestra propuesta es que ese esfuerzo tenga una traducción en la jubilación. En ninguno de esos dos ámbitos encontramos avances suficientes en el proyecto.


Además de estas cuestiones, ¿qué otros problemas considera que quedan pendientes?

Hay cuestiones importantes relacionadas con la conciliación, la movilidad forzosa o la propia capacidad del médico para desarrollar su trabajo con autonomía profesional.


Pero si tuviera que resumir los grandes bloques serían cuatro: un ámbito específico de negociación, una clasificación profesional adecuada, una regulación diferente de la jornada y las guardias y cambios en materia de jubilación.


No solo entendemos que no se avanza en esos cuatro elementos nucleares, sino que tampoco encontramos mejoras significativas en otros aspectos que afectan directamente a las condiciones laborales de los médicos.


El Ministerio sostiene que el nuevo Estatuto supone una mejora respecto al vigente. ¿Por qué ustedes no comparten esa valoración?

Porque cuando analizamos el texto encontramos, en muchos aspectos, una continuidad con el modelo anterior.

Ya desde la clasificación profesional se observa un planteamiento con el que discrepamos. Y cuando llegamos a la jornada o a la jubilación volvemos a encontrarnos con un sistema muy parecido al que tenemos actualmente.

El problema es que ese modelo ha contribuido durante años al desgaste profesional, al abandono de la sanidad pública por parte de algunos médicos y a una creciente sensación de falta de reconocimiento.

El médico quiere ejercer su responsabilidad, aplicar sus conocimientos y tener capacidad para tomar decisiones clínicas. Si convertimos su trabajo en una actividad cada vez más burocratizada y con menos autonomía, lo alejamos del sistema.

¿Cree que un Estatuto pensado para durar muchos años puede responder a la velocidad con la que está cambiando actualmente la profesión?
Ese es otro de los grandes problemas.

La medicina está evolucionando a enorme velocidad. Estamos viendo cambios tecnológicos, nuevas formas de organización, inteligencia artificial y transformaciones que van a modificar profundamente el ejercicio profesional.

Por eso necesitamos también mecanismos de negociación ágiles. No podemos construir nuevamente un sistema excesivamente rígido y burocrático en el que, cuando aparezca un nuevo problema, los propios representantes de los médicos tengan enormes dificultades para poder negociarlo.


Si repetimos ese modelo corremos el riesgo de volver a distanciar a los médicos de la sanidad pública.
¿Qué debería ocurrir ahora con el proyecto?


Nuestra posición es que este proyecto no debería continuar adelante en sus actuales términos.
Lo que planteamos es que se abra la posibilidad de empezar una nueva negociación que tenga realmente en cuenta las reivindicaciones de los médicos y en la que sus representantes puedan participar directamente.
Nosotros somos una organización sindical. Nuestra responsabilidad es negociar, dialogar y defender las condiciones de los profesionales. Hemos mantenido una posición crítica con este texto desde el principio, pero también hemos mantenido siempre abierta la puerta al diálogo.