Ignacio Domínguez, jefe de sección del Servicio de Cirugía Ortopédica y Traumatología del Hospital Clínico San Carlos, cuestiona las limitaciones a la compatibilidad entre el ejercicio público y privado planteadas en la reforma del Estatuto Marco, cuyo recorrido quedó frenado con el final de la legislatura. Con experiencia en ambos ámbitos, advierte de las consecuencias que determinadas restricciones podrían tener para la sanidad pública y reclama que cualquier nueva regulación se haga contando realmente con los médicos.

La reforma del Estatuto Marco tendrá que retomarse en un nuevo escenario político, pero buena parte de las cuestiones que han provocado el rechazo de los médicos continúan sobre la mesa. Entre ellas, la compatibilidad entre el ejercicio público y privado y las limitaciones previstas para determinados puestos de responsabilidad.
Ignacio Domínguez conoce ambos modelos. Especialista en cirugía de columna, ha desarrollado actividad tanto en la sanidad pública como en la privada. Desde esa experiencia defiende un modelo que permita compatibilizar ambos ejercicios cuando se cumplan las obligaciones correspondientes y rechaza que los posibles incumplimientos individuales sirvan para establecer restricciones generales.
¿Qué supondría para los médicos limitar la compatibilidad entre la actividad pública y la privada?
Hasta ahora, la compatibilización del trabajo en la medicina pública y en la privada era posible atendiendo a una serie de supuestos y previa solicitud. Hay diferente legislación en las comunidades autónomas, pero, en general, salvo que hubiera una incompatibilidad clara, los profesionales podían trabajar en ambos ámbitos.
El proyecto del Estatuto Marco deja fuera de esta posibilidad a lo que denomina mandos intermedios, que, hablando claro, son jefes de servicio, jefes de sección y también, implícitamente, jefes de unidad.
Estamos hablando de profesionales que, en muchos casos, han dedicado muchos años a adquirir una experiencia y una especialización determinadas. Obligarles a elegir limita su actividad profesional y también su libertad para ejercer los conocimientos que han adquirido durante su carrera.
¿Qué consecuencias podría tener para la sanidad pública obligar a esos profesionales a elegir?
Tradicionalmente, trabajar en un hospital público tenía un enorme prestigio. Permitía acceder a la carrera académica, disponer de determinada tecnología, investigar y tener una importante proyección profesional. La cuestión económica pasaba muchas veces a un segundo plano.
Cuando terminaba su actividad en la pública, el profesional podía ejercer también en la privada y complementar así sus ingresos. Ese modelo ha funcionado durante muchísimo tiempo.
¿Ha habido malos usos de esta libertad? Seguro que sí. Y el profesional que no cumple con su trabajo en la pública porque prioriza su actividad privada está cometiendo una falta muy grave y debe ser sancionado.
Pero no creo que la solución sea obligar a todos a elegir. El riesgo es que profesionales con una gran experiencia y capacidad decidan marcharse de la sanidad pública. Hasta ahora hemos podido encontrar extraordinarios profesionales tanto en la pública como en la privada. De hecho, la medicina pública ha formado a muchos de los grandes profesionales que después han desarrollado también actividad privada.
Hemos podido compatibilizar ambos ámbitos y los pacientes han podido beneficiarse de ello. Creo que perder ese equilibrio podría ser perjudicial también para ellos.
«El riesgo es que profesionales con una gran experiencia y capacidad decidan marcharse de la sanidad pública».
La limitación afecta especialmente a jefes de servicio, de sección o de unidad. ¿Por qué le preocupa que sean precisamente estos perfiles?
Porque suelen ser profesionales que han llegado a esos puestos después de muchos años de especialización y experiencia clínica.
Al mismo tiempo, las jefaturas están cada vez más condicionadas por la gestión. Un jefe de servicio puede tener que organizar a 60 personas. Tiene que cuadrar guardias, cubrir bajas, reorganizar equipos, decidir quién puede asumir una determinada intervención… Existe el riesgo de que la actividad profesional y la excelencia clínica vayan pasando a un segundo o tercer plano frente a una función fundamentalmente organizativa.
Yo creo que debemos defender que cada profesional pueda desarrollar su actividad como considere oportuno mientras cumpla con la ley y con sus obligaciones. Si alguien no cumple, habrá que actuar contra esa persona. Pero no podemos establecer una limitación para todos porque haya algunos casos en los que las cosas no se hayan hecho bien.
Y hay otra cuestión que también habría que plantear: si se quiere exigir dedicación exclusiva a profesionales altamente cualificados, ¿cuánto habría que pagarles para que se dedicaran exclusivamente a la medicina pública? En determinados casos, el sistema difícilmente puede competir con las posibilidades que ofrece el ejercicio privado.
Usted ha trabajado en los dos ámbitos. ¿Qué papel cree que debe tener la colaboración entre sanidad pública y privada?
Yo ahora trabajo solo en la medicina pública, pero he trabajado también en la privada y sé que la colaboración público-privada funciona.
En una comunidad como Madrid hay muchos pacientes que son atendidos a través de compañías de seguros y esa realidad también contribuye a absorber una parte de la demanda asistencial. La colaboración existe igualmente para acceder a determinadas tecnologías.
Nosotros, por ejemplo, hacemos cirugía robótica de columna y podemos utilizar determinada tecnología gracias también a acuerdos y fórmulas de colaboración. Hay recursos a los que sería mucho más difícil acceder exclusivamente con la financiación disponible en el sistema público.
¿Hay que hacerlo bien? Por supuesto. ¿Se puede hacer mejor? Seguro que sí. Pero no deberíamos limitar la libertad del paciente para elegir a su médico ni impedir que ese profesional pueda ejercer también en otro ámbito siempre que cumpla plenamente con sus responsabilidades en la sanidad pública.
«Cuando una persona tiene que elegir quién le va a operar, desaparece la ideología».
Si pudiera sentarse con quienes tengan que retomar esta reforma en la próxima legislatura, ¿qué les pediría?
Que conocieran primero cómo funciona realmente la medicina y cómo trabajan los profesionales.
Yo lo explicaría con una situación muy sencilla. Cuando una persona tiene que elegir quién le va a operar, por ejemplo, de la columna, desaparece la ideología. Cuando vas a poner tu vida en manos de alguien, quieres al mejor cirujano y quieres que utilice la mejor técnica posible.
Por suerte, en España hay magníficos profesionales. Y en Madrid concretamente tenemos un nivel médico y quirúrgico muy alto. He viajado mucho y también recibimos profesionales de otros países que vienen a conocer cómo trabajamos.
¿Qué nos falla muchas veces? Los recursos.
Por eso, antes de adoptar determinadas decisiones, hay que conocer qué necesita el profesional para hacer bien su trabajo y qué consecuencias reales puede tener una regulación sobre los hospitales y, sobre todo, sobre los pacientes.
¿Cree que los médicos han sido suficientemente escuchados durante la elaboración del Estatuto Marco?
No. Y este es probablemente uno de los aspectos que más me preocupan.
Llevo prácticamente cuarenta años vinculado al hospital, desde que era estudiante, y he vivido gobiernos de distintos signos. Una situación como la actual respecto a los médicos no la había vivido nunca.
No puede hacerse una reforma que afecta de esta manera a la profesión sin contar con los médicos, sin sentarse realmente con ellos y escuchar a quienes están ejerciendo.
Ser médico no consiste únicamente en tener un título. Hay seis años de carrera, después está el MIR, la especialidad y luego una trayectoria profesional que requiere muchos años. A eso se suma una enorme responsabilidad en la toma de decisiones.
Yo puedo hablar con libertad porque estoy en una etapa avanzada de mi carrera. Pero hay muchos profesionales jóvenes que tienen una situación laboral inestable y que pueden pensar que, si protestan o expresan determinadas opiniones, van a ser considerados problemáticos. Y terminan callándose.
Estamos viendo profesionales cansados, personas que están deseando marcharse y condiciones laborales muy difíciles. Cuando lo ves desde dentro da mucha pena.
Por eso creo que cualquier futura reforma debería empezar por escuchar esa realidad y contar de verdad con los médicos.
Jefe de sección del Servicio de Cirugía Ortopédica y Traumatología del Hospital Clínico San Carlos.