La investigación, publicada en Nature Medicine, relaciona los episodios de pérdida de peso con cambios en los análisis de sangre, determinadas alteraciones genéticas del tumor y la progresión de la enfermedad. Los resultados abren nuevas posibilidades para identificar a los pacientes de mayor riesgo, aunque todavía no permiten trasladar los modelos predictivos a la práctica clínica.
La pérdida involuntaria de peso en una persona con cáncer no es un dato menor. Puede ser una manifestación de la caquexia, un síndrome complejo que afecta al metabolismo, provoca pérdida de masa muscular y empeora la situación clínica de los pacientes. Pero ¿es posible reconocer las señales de este deterioro antes de que resulte evidente?
Un equipo de investigadores del Memorial Sloan Kettering Cancer Center, en Estados Unidos, ha intentado responder a esta pregunta mediante el análisis de 52.236 pacientes con distintos tipos de cáncer. El estudio, publicado el 12 de octubre en Nature Medicine, combina información sobre la evolución del peso, resultados analíticos, características genéticas de los tumores y progresión de la enfermedad.
Los investigadores analizaron alrededor de 1,7 millones de mediciones del índice de masa corporal e identificaron 30.938 episodios de pérdida de peso que cumplían los criterios utilizados en el estudio para detectar posibles manifestaciones de caquexia.
Casi la mitad de los pacientes, el 46,6 %, presentó al menos uno de estos episodios durante el seguimiento. La frecuencia, sin embargo, fue muy diferente según el tipo de tumor: alcanzó el 72,7 % en el cáncer de páncreas y el 71,7 % en el de estómago, frente al 26,1 % observado en el cáncer de próstata.
Qué revelan los análisis de sangre
Uno de los hallazgos más interesantes es que los episodios de pérdida de peso no aparecían de manera aislada. Con frecuencia coincidían con periodos de progresión del cáncer y se asociaban con una peor supervivencia.
Además, los investigadores identificaron un patrón de alteraciones analíticas que se repetía en diferentes tipos de tumores.
Durante estos episodios se observaron, entre otros cambios, niveles más bajos de albúmina y hemoglobina, elevaciones de determinadas enzimas hepáticas y alteraciones de marcadores inflamatorios, como la proteína C reactiva.
Estos resultados sugieren que la pérdida de peso relacionada con el cáncer forma parte de un proceso que afecta a distintos sistemas del organismo. También refuerzan el interés de estudiar conjuntamente la evolución ponderal y otros indicadores clínicos y analíticos, en lugar de valorar cada parámetro de manera independiente.
La genética del tumor también parece influir
El trabajo incorpora otra dimensión: la posible relación entre las alteraciones genéticas de los tumores y el riesgo de desarrollar episodios de pérdida de peso.
Los investigadores encontraron asociaciones entre determinadas mutaciones y una mayor frecuencia de estos episodios. Entre ellas destaca TP53, relacionada con un incremento del riesgo en varios tipos de cáncer. También se identificaron asociaciones con otros genes, como STK11, KRAS y SMAD4, dependiendo del tumor analizado.
Esto no significa que dichas mutaciones sean, por sí solas, responsables de la caquexia. Los resultados muestran asociaciones estadísticas que podrían ayudar a comprender mejor los mecanismos biológicos implicados, pero no establecen una relación causal.
¿Se puede anticipar qué pacientes perderán peso?
A partir de estos datos, el equipo desarrolló modelos para estimar el riesgo de futuros episodios de pérdida de peso en pacientes con cáncer de pulmón, colorrectal y de próstata.
Parte de los resultados se contrastó con una cohorte independiente de 5.785 pacientes del Dana-Farber Cancer Institute. Sin embargo, la validación externa de un modelo simplificado para cáncer de pulmón mostró una capacidad predictiva todavía modesta.
Por tanto, aunque la investigación representa un avance en el conocimiento de la caquexia, no aporta aún una herramienta suficientemente validada para decidir tratamientos o clasificar individualmente a los pacientes en la consulta.
Los propios resultados deben interpretarse teniendo en cuenta que se trata de un estudio observacional, basado en registros clínicos, y que los episodios se identificaron fundamentalmente mediante criterios de pérdida de peso. La caquexia es un síndrome más amplio, en el que también intervienen alteraciones musculares, metabólicas y funcionales.
Un problema que requiere atención desde varias especialidades
La investigación tiene interés para Oncología, Medicina Interna, Nutrición Clínica y Cuidados Paliativos, especialidades implicadas en la identificación y el abordaje del deterioro nutricional y funcional de las personas con cáncer.
Su principal aportación es mostrar que la evolución del peso, los análisis habituales y la información molecular del tumor pueden ofrecer una visión más completa de un problema que sigue siendo difícil de anticipar.
El siguiente paso será comprobar si estas señales permiten identificar antes a los pacientes de riesgo y, sobre todo, si actuar a partir de ellas puede mejorar su estado nutricional, su calidad de vida o su evolución clínica.
Por ahora, el estudio no cambia las recomendaciones asistenciales, pero aporta nuevas pistas para investigar cómo detectar y abordar antes la caquexia asociada al cáncer.