El ICOMEM celebra este 16 de octubre MINUTO 0, una iniciativa que combina talleres de reanimación cardiopulmonar para escolares y ciudadanía con una jornada sobre prevención de la muerte súbita. Más de 300 personas se han inscrito en las actividades, en las que está prevista la participación de tres centros educativos de Madrid.

Madrid, 16 de octubre de 2026. ¿Qué hacemos si una persona se desploma delante de nosotros? ¿Por qué algunos niños y adolescentes aparentemente sanos pueden presentar riesgo de muerte súbita? ¿Qué información deberían conocer los padres y comunicar a su médico? Son algunas de las cuestiones que abordarán los especialistas que participan este viernes en MINUTO 0, la iniciativa del Ilustre Colegio Oficial de Médicos de Madrid (ICOMEM) organizada con motivo del Día Mundial de la Parada Cardíaca.
A lo largo de la jornada está previsto desarrollar talleres prácticos de reanimación cardiopulmonar (RCP), abiertos a escolares y ciudadanía, además de un encuentro de divulgación médica sobre muerte súbita. La convocatoria ha despertado un notable interés: más de 300 personas se han inscrito en las actividades, en las que está prevista la presencia de alumnos de tres centros educativos madrileños.
Con anterioridad a la celebración del encuentro, el ICOMEM ha entrevistado a seis de los especialistas participantes. Sus testimonios permiten identificar dos grandes desafíos: enseñar a cualquier ciudadano a reaccionar ante una parada cardíaca y mejorar la detección de situaciones de riesgo, especialmente durante la infancia y la adolescencia.
El error que puede retrasar la ayuda: llamar primero a la familia
Uno de los testimonios más reveladores procede de Jordi Arnau Marsá, miembro del Grupo de Trabajo de Parada Cardíaca del SUMMA 112.
Desde su experiencia en emergencias, identifica una conducta que puede retrasar la asistencia: cuando una persona se desploma en casa, sus familiares llaman primero a los hijos o buscan ayuda entre los vecinos antes de contactar con los servicios de emergencias.
«La gente, antes de llamar al 112, llama a otras personas», explica. Ese tiempo de espera puede resultar decisivo.
Por ello, recuerda que, si una persona no responde y no respira con normalidad, hay que llamar inmediatamente al 112 y comenzar las maniobras de reanimación siguiendo las indicaciones del personal de emergencias.
Arnau resume la prioridad en dos actuaciones: compresiones torácicas de calidad, iniciadas lo antes posible, y desfibrilación cuando esté indicada.
Borja Ruiz-Mateos: perder el miedo al desfibrilador
El doctor Borja Ruiz-Mateos, especialista en cuidados críticos cardiovasculares, señala otro obstáculo frecuente: el miedo de los testigos a intervenir por temor a causar daño.
Su experiencia le lleva a defender que la formación en reanimación se extienda a toda la población, no solo a los profesionales sanitarios.
«Lo primero que hay que hacer siempre en la parada cardíaca es llamar al 112», recuerda. Pero insiste en que la respuesta no puede detenerse ahí: durante la espera es fundamental iniciar la reanimación y disponer de un desfibrilador cuando sea posible.
Ruiz-Mateos considera especialmente importante familiarizar a la ciudadanía con estos dispositivos, capaces de proporcionar instrucciones durante su utilización y determinar cuándo está indicada una descarga.
El especialista reclama también que su disponibilidad se extienda a más espacios cotidianos, desde centros educativos y edificios residenciales hasta lugares de trabajo.
Rafael Ortega: aprender RCP debería formar parte de la educación escolar
El doctor Rafael Carlos Ortega Gómez, vocal de Atención Primaria del ICOMEM y coordinador de MINUTO 0, defiende que la formación en reanimación no dependa únicamente de jornadas puntuales.
«Hay que formar y entrenar a cuantas más personas mejor, incluso desde las edades más tempranas», señala.
Su propuesta es incorporar las habilidades básicas de reanimación a los aprendizajes escolares. Considera que conocer cómo reconocer una emergencia y actuar con rapidez debería formar parte de la preparación de cualquier ciudadano.
La participación de alumnos de tres centros educativos en las actividades previstas responde a ese objetivo de introducir la cultura de la reanimación desde la infancia.
Juan José González Ferrer: prevenir sin convertir el riesgo en alarma
La muerte súbita en niños y adolescentes constituye otro de los grandes asuntos que se abordarán durante el encuentro.
El doctor Juan José González Ferrer, especialista de Cardiología del Hospital Clínico San Carlos y miembro de su Unidad de Electrofisiología Cardíaca, explica que algunos casos están relacionados con enfermedades eléctricas del corazón o miocardiopatías que pueden pasar inadvertidas.
Entre las señales que aconsejan una evaluación más detallada identifica los síncopes relacionados con el ejercicio, determinados síntomas durante el esfuerzo y los antecedentes familiares de muerte súbita inexplicada.
Pero su advertencia va más allá de la identificación del riesgo: la medicina no dispone todavía de herramientas capaces de prevenir todos los casos de muerte súbita.
González Ferrer alerta de las consecuencias de investigar indiscriminadamente a niños sanos, ya que pueden aparecer hallazgos inciertos que conduzcan a tratamientos o restricciones injustificados.
«Ahora sí que estamos en una condición de prevenir algunas muertes súbitas asociadas a una cardiopatía, pero no todas», explica.
El reto, por tanto, consiste en estudiar a quienes presentan indicios relevantes sin transmitir a las familias una falsa sensación de seguridad ni generar una alarma desproporcionada.
María Ángeles Pérez Martín: la historia familiar puede contener la pista
La doctora María Ángeles Pérez Martín, pediatra y coordinadora de la Comisión Técnico Consultiva de Pediatría y Obstetricia del SUMMA 112, pone el acento en una información que con frecuencia no llega a la consulta: los antecedentes cardíacos familiares.
Infartos a edades tempranas, arritmias en personas jóvenes, fallecimientos inexplicados o episodios de pérdida de conocimiento asociados al ejercicio pueden orientar la evaluación de un niño o adolescente.
Para Pérez Martín, estos datos cobran especial importancia cuando afectan a familiares de primer o segundo grado.
La especialista subraya que no se trata de investigar cualquier antecedente aislado ni de alarmar a los padres. Se trata de reconocer aquellos que, asociados a determinados síntomas, pueden justificar una valoración más específica.
En ese sentido, destaca la importancia de comunicar al pediatra los desmayos durante el esfuerzo, las palpitaciones y otros síntomas que puedan indicar la necesidad de ampliar el estudio.
Natividad Ramos: un desmayo en un niño merece atención, aunque se recupere
La doctora Natividad Ramos, jefa médico de guardia de SAMUR-Protección Civil de Madrid, introduce una recomendación concreta para las familias: no restar importancia a una pérdida de conocimiento infantil porque el menor se haya recuperado aparentemente por completo.
«Si tiene pérdidas de conocimiento, es importante que, aunque se recupere, consulten con el pediatra», señala.
Ramos recuerda además que, en la infancia, muchas paradas cardiorrespiratorias están relacionadas con problemas respiratorios e hipoxia, por lo que la prevención de los atragantamientos también debe formar parte de la educación sanitaria.
Al mismo tiempo, insiste en la importancia de transmitir un mensaje equilibrado: la mayoría de los niños están sanos y deben poder hacer deporte y desarrollar su actividad habitual. Lo necesario es aprender a reconocer los signos que requieren atención médica.
MINUTO 0: llevar la reanimación más allá de los profesionales sanitarios
Las declaraciones recogidas previamente a MINUTO 0 reflejan una visión compartida: reducir las consecuencias de una parada cardíaca requiere tanto una adecuada atención clínica como una ciudadanía preparada para responder ante una emergencia.
La jornada de este viernes quiere contribuir a ambos objetivos mediante una combinación de divulgación especializada y aprendizaje práctico.
Con más de 300 personas inscritas y la participación prevista de tres centros educativos de Madrid, el ICOMEM busca que reconocer una parada, alertar al 112 y saber iniciar la reanimación deje de ser un conocimiento limitado al ámbito sanitario.
Porque, ante una emergencia, los primeros minutos no siempre están en manos de un médico. En muchas ocasiones, dependen de quien se encuentra al lado.