Octubre y noviembre son claves para adelantarse a la gripe y la COVID-19 en los pacientes vulnerables

El médico de familia José María Molero advierte de que ambos virus ya circulan simultáneamente y recuerda que la gripe adelantó su periodo epidémico la pasada temporada. Ante el riesgo de que vuelva a ocurrir, insiste en intensificar ahora la vacunación de los grupos vulnerables, sin esperar a que aumenten los contagios.

Adelantarse a la transmisión de la gripe y la COVID-19 es la principal estrategia para proteger a los pacientes con mayor riesgo de complicaciones durante este otoño. Ambos virus están circulando, aunque con distinta intensidad, y el precedente de la pasada temporada, cuando la gripe se adelantó respecto a su comportamiento habitual, obliga a reforzar la vacunación antes de que aumente la incidencia de las infecciones respiratorias.

Así lo advierte el doctor José María Molero García, médico de familia del Centro de Salud San Andrés del SERMAS y miembro del Grupo de Trabajo de Enfermedades Infecciosas de SoMaMFyC/semFYC, con motivo de su participación en la jornada Vacunar para el futuro. De la prevención a la práctica, celebrada el 21 de octubre en el Colegio de Médicos de Madrid.

Para el especialista, octubre y noviembre constituyen el periodo clave para proteger a las personas vulnerables frente a ambas infecciones. La estrategia, insiste, consiste en «adelantarse y no esperar a que aumente la transmisión».

Molero explica que la COVID-19 ha experimentado un repunte de incidencia durante septiembre y parte de octubre y que, aunque los casos puedan descender tras este periodo, el virus continúa circulando durante todo el año.

La gripe presenta un comportamiento diferente, pero tampoco permite confiarse. El médico recuerda que la pasada temporada su actividad epidémica se adelantó respecto a los meses de enero y febrero, en los que habitualmente se esperaba una mayor incidencia. Si vuelve a producirse este adelanto mientras el SARS-CoV-2 continúa circulando, ambas infecciones podrían coincidir con una actividad significativa y aumentar el riesgo de complicaciones entre las personas vulnerables.

Esta posibilidad refuerza la necesidad de aprovechar las semanas actuales para completar la vacunación de quienes tienen indicación, teniendo en cuenta que la respuesta inmunitaria necesita tiempo para desarrollarse.

Identificar y vacunar a quienes presentan mayor riesgo

Molero considera imprescindible desarrollar una captación activa de los pacientes más vulnerables, tanto desde los centros de salud como desde los hospitales y dispositivos sociosanitarios.

En la campaña de la Comunidad de Madrid, la vacunación antigripal está recomendada para las personas de 60 o más años, mientras que la vacunación frente a la COVID-19 se dirige, por criterio de edad, a partir de los 70 años. Ambas se recomiendan también a determinados grupos con condiciones de riesgo, independientemente de su edad.

Entre los pacientes que requieren especial atención, el médico destaca a quienes presentan enfermedades cardiovasculares, como la cardiopatía isquémica, los antecedentes de infarto o la insuficiencia cardiaca; patologías respiratorias crónicas, como el asma grave, la enfermedad pulmonar obstructiva crónica, las bronquiectasias o la fibrosis pulmonar; y enfermedades renales y hepáticas.

También menciona a las personas con diabetes, obesidad y determinadas enfermedades neurológicas, como la esclerosis múltiple o el párkinson, así como a pacientes con discapacidad o enfermedades mentales graves, entre ellas la esquizofrenia y la depresión mayor, cuyas necesidades de vacunación deben valorarse de acuerdo con las recomendaciones vigentes.

Especial atención merecen los pacientes inmunodeprimidos, uno de los colectivos con mayor riesgo de desarrollar complicaciones graves. Molero incluye tanto a personas cuya enfermedad afecta a las defensas como a quienes reciben tratamientos inmunosupresores, pacientes con cáncer activo sometidos a determinados tratamientos, trasplantados de órganos sólidos o de progenitores hematopoyéticos y personas que reciben terapias celulares, como las CAR-T.

El especialista recuerda igualmente la importancia de la vacunación durante el embarazo, así como la protección del personal sanitario y sociosanitario, cuidadores y personas que mantienen un contacto estrecho con pacientes de alto riesgo.

La COVID-19 sigue suponiendo un riesgo de enfermedad grave

La vacunación frente a la COVID-19 ha cambiado de enfoque respecto a los primeros años de la pandemia. Molero explica que las campañas iniciales buscaban ampliar rápidamente la protección de la población y contribuir a controlar la transmisión del virus.

Actualmente, la estrategia se centra especialmente en prevenir la enfermedad grave, las hospitalizaciones, los ingresos en cuidados intensivos y los fallecimientos de las personas más vulnerables.Aunque la inmunidad adquirida por infecciones previas y vacunaciones anteriores ofrece cierta protección, el médico advierte de que puede resultar insuficiente en determinados pacientes, especialmente cuando existen enfermedades crónicas o inmunodepresión.

A esta situación se añade la fatiga vacunal frente a la COVID-19, que Molero identifica como una de las principales dificultades para mejorar las coberturas. La menor visibilidad de la enfermedad grave y la reducción de las pruebas diagnósticas pueden favorecer una percepción equivocada de que el virus ha dejado de representar un riesgo.Por ello, propone aprovechar la mayor familiaridad de la población con la campaña antigripal para reforzar también la recomendación de vacunación frente a la COVID-19 entre quienes la tienen indicada.

Vacunar en la propia consulta para no perder oportunidades

Más allá de las campañas estacionales, Molero considera necesario incorporar la revisión del calendario vacunal a la actividad clínica habitual.El especialista señala que todavía no se comprueba de manera suficientemente sistemática la situación vacunal de los pacientes y que se pierden oportunidades de inmunización cuando una recomendación se pospone para otra consulta.Su propuesta es sencilla: revisar las vacunas pendientes durante el contacto asistencial y, siempre que sea posible, administrarlas en ese mismo momento.«Intentar la vacunación en acto, no dejarlo para otro momento, dejarlo ya resuelto», resume.

Esta estrategia exige mejorar la coordinación entre Atención Primaria y los servicios hospitalarios, especialmente en pacientes con enfermedades crónicas, cáncer o inmunodepresión que son atendidos por distintos especialistas.Molero también plantea aprovechar las posibilidades de las historias clínicas electrónicas para identificar de forma proactiva a las personas con mayor riesgo, generar avisos individualizados y facilitar su acceso a la vacunación.

El VRS en adultos, una infección que también debe tenerse presente

La doctora Isabel Jimeno Sanz, especialista en Medicina Familiar y Comunitaria del Centro de Salud Isla de Oza y miembro del Grupo de Trabajo de Vacunas de SEMG Madrid y SEMG Nacional, pone el foco en otra infección respiratoria cuya repercusión en adultos requiere mayor atención: el virus respiratorio sincitial (VRS).

Jimeno considera fundamental que los profesionales sanitarios tengan presente esta infección, cuyo diagnóstico puede pasar inadvertido en la práctica clínica habitual. Aunque el VRS suele asociarse a la población infantil, también puede provocar complicaciones importantes en adultos mayores y pacientes con enfermedades crónicas.

La especialista destaca que el riesgo no se limita a la hospitalización o la mortalidad. La pérdida de calidad de vida y el deterioro funcional que puede producir una infección grave constituyen también consecuencias relevantes, especialmente en personas mayores con patologías previas.

Esta vulnerabilidad explica que la Comunidad de Madrid iniciara la vacunación frente al VRS en adultos en septiembre de 2025, con especial atención a residentes en centros de mayores y personas con determinadas condiciones de alto riesgo, y ampliara posteriormente sus indicaciones.

Desde enero de 2026, la vacunación está recomendada en la región para personas de 80 o más años, residentes de centros sociosanitarios a partir de los 60 años y determinados pacientes con condiciones de muy alto riesgo desde los 18 años.

Los pacientes crónicos menores de 60 años, otro grupo prioritario

Más allá del VRS, Jimeno llama la atención sobre las bajas coberturas vacunales entre los pacientes crónicos menores de 60 años, un grupo en el que considera necesario intensificar los esfuerzos de prevención.Según señala, en algunos de estos pacientes, como las personas con diabetes o enfermedades cardiovasculares, las coberturas pueden situarse en torno al 5 %, una cifra que, a su juicio, pone de manifiesto la necesidad de mejorar la captación y revisar las recomendaciones vacunales que corresponden a cada enfermedad.

La médica de familia insiste en que la edad no debe ser el único criterio para revisar la situación vacunal. Los pacientes con enfermedades crónicas pueden tener indicadas determinadas vacunas antes de alcanzar las edades establecidas para la población general.Por eso, defiende aprovechar cualquier contacto con el sistema sanitario para revisar el calendario vacunal, tanto en los pacientes mayores como en aquellos más jóvenes que presentan factores de riesgo.

«La vacunación es un tratamiento más», afirma Jimeno, que compara su papel preventivo con el de los medicamentos utilizados para evitar complicaciones cardiovasculares en pacientes con hipertensión arterial.

Su planteamiento refuerza la necesidad de integrar la vacunación en el seguimiento habitual de las enfermedades crónicas, como parte de la prevención y no como una intervención limitada a las campañas anuales.

Una jornada dedicada a la prevención mediante vacunas

Las declaraciones de ambos especialistas se enmarcan en la jornada Vacunar para el futuro. De la prevención a la práctica, incluida en la programación de Formación Médica Continuada del Colegio de Médicos de Madrid.El encuentro ha abordado la vacunación frente a la gripe y la COVID-19, el neumococo y el virus respiratorio sincitial (VRS) en adultos, con especial atención a la actualización de las recomendaciones y su aplicación en la práctica clínica.

En la jornada han intervenido también Ángel Gil de Miguel, catedrático de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad Rey Juan Carlos; José Enrique Yuste Lobo, científico titular del Centro Nacional de Microbiología del Instituto de Salud Carlos III e investigador de CIBERES; y Esther Redondo Margüello, médica de familia y responsable de la Unidad Técnica de Salud Internacional de Madrid Salud.

El programa ha contado asimismo con Gema García Ron, pediatra del Centro de Salud Las Águilas y secretaria general de la Sociedad de Pediatría de Madrid y Castilla-La Mancha, y Diego Martín-Caro Álvarez, enfermero de la UAR del Centro de Salud Somosaguas.

La jornada ha reforzado la importancia de incorporar la prevención mediante vacunas a la práctica clínica habitual, con especial atención a las personas que presentan mayor riesgo de complicaciones por enfermedades infecciosas.